Llegué a este libro emocionada, esperando encontrar la ilusión, el encanto y la atmósfera de cuento que siempre destilan las obras de Tracy Chevalier, y lo único que encontré fue decepción.
El maestro de la inocencia es un libro que simplemente se deja leer; mientras duró la lectura no he podido librarme de la impresión de que la autora estaba intentando prepararme para algo importante, un algo que no se llega a producir, y estoy convencida de que si hubiese dejado el libro a la mitad, mi mente no se habría preguntado jamás “¿qué habrá sido de Jem, Maisie, Maggie y los demás?”. Los únicos momentos interesantes son aquéllos en los que William Blake hace su aparición, y éstos son lamentablemente escasos
Además, el final me ha parecido totalmente cogido por los pelos, como si de pronto se le hubiesen terminado las ganas de seguir escribiendo, y adoptase la primera idea que le rondaba por la mente.
Lo que podría haber sido la entrañable y mágica historia de un circo en el Londres de finales del siglo XVIII, no pasa de ser una sosa historia con unos recursos muy mal aprovechados. Por supuesto, no es más que mi humilde opinión de lectora; este libro gusta a mucha gente, aunque sinceramente creo que l@s lectores habituales de Tracy Chevalier, como me ha ocurrido a mí, se habrán sentido defraudados en mayor o menor medida.
Aún así, espero que esto sólo haya sido un traspiés en la carrera literaria de Chevalier, y que la autora que me enamoró con La joven de la perla y La dama y el unicornio, (los dos libros suyos que más me han gustado), vuelva a ser la de siempre en el próximo libro, que, por supuesto, leeré con muchas ganas
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